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1 de abril de 2012 - Categoría: Embarazo de Ángela

Amor de madre

¡Queridas barriguitas, exbarriguitas y mamis recientes!

Por fin, ha llegado el momento que he estado esperando durante taaaaaaaaanto tiempo: ¡poder escribir mi primera entrada como MAMÁ!

Esta es la primera vez que me pongo manos a la tecla con mi pequeño pitufín durmiendo plácidamente a mi lado. ¡Ains, lo miro y lo remiro y aún no me lo creo! Pero sí, desde hace mes y medio, ¡soy mamá! ¡Ma-ma-ma-ma-ma-má! (Creo que no me cansaré de decirlo nunca). Aunque reconozco que me ha costado encontrar un hueco para escribiros, vamos, que poco más y actualiza el blog mi heredero… ejem. ¿Podéis perdonarme? Imagino que las que ya hayáis dado a luz podréis entenderme, ¡esto de criar a un bebé es un oficio que te absorbe las 24 horas del día!

Además, hay niños y niños… y mi niño, bueno, mi niño es muy bueno.
Llorón, también. Aunque llora sin maldad, que conste.
Y mamón. Mamón es un rato. Un rato largo.
Y es que mi niño mama como si no hubiera un mañana. Angelito mío. Chupóptero mío, debería decir. 40 minutos se tira fácilmente enganchado al pecho. Y otros 40 al otro. Y a los veinte minutos… ¡vuelta a empezar!

Así que aquí estoy yo, todo el día teta-para-fuera-teta-para-dentro. Que ahora entiendo yo tanto cartel de publicidad como hay pegado en los pasillos de la maternidad de la Seguridad Social. Que la leche materna es lo mejor, si yo estoy convencida… ¡pero nadie te cuenta lo que cuesta al principio! Eso sí, una vez superado el momento grietas (sin comentarios), tiene su aquel, y tengo amigas que me juran y perjuran que llega a ser placentero… y breve. Eso sí, aprovechando que el niño no pía los cuarenta minutitos que se tira enganchado, he aprovechado y me he visto las ocho temporadas completas de Anatomía de Grey (sé de medicina lo que no está escrito) y me he finiquitado la serie Sexo en Nueva York (sé de sexo… ¡que no quiero saber ná de ná por un tiempo!).

Sin embargo, aunque con el niño en brazos las 24 horas del día se complica bastante la tarea de darle a la tecla, esta no ha sido la única razón para haber retrasado tantas semanas esta entrada. El caso es que… bueno, todo fue…

(…)
(…)

¿Os queréis creer que llevo cinco minutos de reloj escribiendo y borrando lo escrito porque, a pesar de todo el tiempo que ha pasado no sé cómo contarlo? Bueno, el caso es que mi niño finalmente nació por cesárea (fracasó la inducción programada) sano y grandote (¡3,880 Kg de muchachote!). Hasta ahí todo bien. O regular, en el sentido de que una cesárea nunca es la situación ideal: no hubo contacto piel con piel, no hubo papá emocionado sujetando a su hijo, no hubo un ¿quiere cortar el cordón umbilical?… no hubo, en definitiva, todo aquello con lo que yo había soñado. Pero hasta ahí lo habría superado sin problemas.

Lo peor de todo fue que en maternidad se habían quedado sin camas y, solo por esta razón, a mí me mandaron a reanimación TODA LA NOCHE, y mi niño, a neonatos. Y eso es lo que me sigue martilleando el cerebro… y el corazón: me quitaron a mi niño recién nacido y no me lo devolvieron hasta las nueve de la mañana. Me pasé tooooda la noche llorando a moco tendido pidiendo ver a mi bebé. Suplicando que me llevaran con mi hijo. Lo único que conseguí fue una bronca (“En la vida se llora por otras cosas”, me dijeron) y un tranquilizante.

En fin. Ya pasó.
Hasta hace poco no podía contarlo sin ponerme a llorar.
Pero ahora estoy mejor.
¡Y tengo tanto que contaros!

¡No sé por dónde empezar! ¿Esto de ser mamá es lo más absolutamente mejor y alucinante que me ha pasado en la vida? Sí. Sííííííííííííí. Aunque esto lo digo ahora. Al principio todo fue un poco RARO.

Porque, por un lado, parir y convertirme en una especie de mamá-gollum fue todo uno. Podéis visualizarme: encorvada -la cicatriz de la cesárea es lo que tiene–, con ojeras hasta el suelo –las noches sin dormir son lo que tiene– repitiendo por todo mi hogar, dulce hogar “mi niño es mi tesoooroooo”. ¿Tenéis la imagen en la cabeza’ Pues así fue más o menos. Y es que, aún hoy día, no soporto que me “lo” toqueteen demasiado. Y cuando digo “lo” debería decir “mi familia política”. Ains… la que me espera. (Aunque no soy la única: ¿sabíais que existen foros especiales en Internet para desahogarte de las aventuras y desventuras con suegras y cuñadas?)

Sin embargo, junto a este momento de “el niño es mío y solo mío”, pululaban otros sentimientos contradictorios. Porque, aunque yo sentía que quería a mi niño, no lo quería taaaaaaaaanto. Taaaaaaaaanto al menos como estamos acostumbradas a oír que se quiere a un hijo. Y aunque veía a mi niño bonito, no lo veía taaaaaaaan bonito. Vamos, que cuando llamaba gente por teléfono y me preguntaba cómo era mi niño, yo respondía: “¿Qué te voy a decir yo, que soy su madre?”, pero en el fondo lo que pensaba era: “Pues del montón”. Porque yo lo miraba y lo veía así, como un bebé del montón, y me sentía superculpable y supermala madre…

Hasta que me confesé con un par de buenas amigas, mamis recientes también, y me dijeron que todo lo que me estaba pasando era absolutamente normal. Y aquí estoy yo ahora para deciros que, si os pasa al principio, no os preocupéis, que recién parida las hormonas están un poco locas. Y ahora, semanas después de esta racha, puedo prometer y prometo que no he visto a un bebé más guapo y rico y risueño y salado y listo y encantador y maravilloso y simpático y gracioso y cariñoso y sociable (y así hasta el infinito y más allá) en toda mi vida. ¿Cómo es posible querer a una personita un puñadito más cada minuto que pasa? ¿Será esto el amor de madre?

Lo mejor de todo es que esta aventura solo acaba de empezar. Por delante me espera toda una vida para disfrutar de mi pequeño: sus primeras carcajadas, su primer día en la guarde, su primer diente, sus primeras palabras, sus primeros pasos, sus primeras trastadas… pero eso ya será otra historia. Barriguitas, exbarriguitas y mamis recientes, ha llegado ya el momento de despedirme de todas vosotras y pasar el testigo a una nueva embarazada que pueda hacer “un poco de autobombo” y compartir nueve maravillosos meses con vosotras.

Por mi parte, solo decir que muchas gracias por estar ahí, de verdad. Ha sido una experiencia inolvidable haber podido compartir con todas vosotras mi embarazo a través de este blog.

¡Hasta siempre!

Ángela

P.D. Por cierto, ¡estoy deseando saber qué ha sido de todas las chicas que dejé embarazadas o a puntito de dar a luz!


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11 de febrero de 2012 - Categoría: Embarazo de Ángela

Decálogo para (casi) parturientas

¡Buenos días, bombo girls!

¿Qué tal van esas barriguitas? Imagino que aquellas de vosotras que comenzasteis esta aventura conmigo estaréis ya con vuestros bebés ¡o a punto de verles la carita! En mi caso, como no para de repetir mi madre, elniñopuedenacerencualquiermomento, ¡y ahora sí que sí! ¿Os suena la expresión “estar cumplida”? Pues aquí servidora está más que cumplida, cumplidísima: ¡¡el viernes pasado hice ya las 40 semanas!! (Según los cálculos del médico, claro, según los míos, mi pitufito ya debería estar aquííí). El martes tengo cita con el gine de nuevo, a ver qué me dicen. En la revisión de monitores de la semana pasada me dijeron que pondrán una fecha tope y, si el niño no se decide a salir, me inducirán el parto. Ains. La verdad es que esto último no me hace mucha gracia (he leído que aumenta el riesgo de cesárea) pero bueno, mientras tooodo salga bien ¡yo, chitón!

Así que, mientras espero y desespero, a falta de algo mejor que hacer (como siga limpiando la casa la voy a desgastar) me he decidido a recopilar en una especie de decálogo para casi parturientas todos los consejos habidos y por haber que amigos, familiares, vecinos, desconocidosqueteasaltanporlacalle… han tenido a bien compartir conmigo. ¡Espero que os/nos sirva de algo! Ahí va:

1. Dormir, dormir, dormir. Este es, por unanimidad, el consejo más extendido y repetido a mi alrededor. Y es que parece que de lo que se trata es de acumular horas de sueño como si no hubiera un mañana. “Duerme ahora todo lo que puedas, que ya verás, luego, ya verás…”. Llamadme susceptible, pero a mí la sonrisita esa misteriosa con la que suelen terminar la frase, mezcla de compasión, condescendencia y cierto punto de malignidad, no me da buena espina…

Además, en mi caso dormir se ha convertido en misión imposible, sobre todo, porque ya ni recuerdo lo que era estar en posición horizontal. ¿No os pasa a vosotras? Entre el megabombo y la megaacidez que me ataca en cuanto toco la cama, no hay manera de pegar ojo. Yo lo combato a base de almohadas y cojines: debajo de la cabeza, entre las piernas, en los laterales… Si alguna tiene algún truco, ¡os lo agradecería en el alma!

2. No escuchar partos ajenos. Este consejo es de mi cosecha. Y es que, desde que me quedé embarazada, he descubierto con horror que hay cierto tipo de mujeres que disfrutan recordando los sinsabores de su parto y recreándose en los momentos más escabrosos… A lo que yo me pregunto: ¿para qué necesito toda esa información? PARA NADA. Como madre primeriza, reivindico mi derecho a no tener ni idea. ¿Para qué sufrir con antelación? No es que tenga miedo al parto (bueno, o sí, qué más da) pero prefiero no pensarlo… mucho. Lo que tenga que ocurrir, ocurrirá. Yo prefiero imaginar lo maravilloso que será la primera vez que lo vea y lo toque y lo coja y lo bese y lo abrace y… Ains, ¡aún no me lo creo!

3. El vello no es bello. Embarazadas o no. A punto de parir o no, hay verdades absolutas que se mantienen inalterables. En mi caso, aunque hace semanas que declaré zonas de mi cuerpo como territorios inexpugnables (ni me veo ni me llego), ayer me decidí a acudir a una profesional mientras gritaba a todo pulmón “¡depilación al poder!” (Esto último, se trataba de un grito en sentido metafórico, se entiende, que no me he vuelto tan loca. Aún). Creo que en el hospital te rasuran igualmente, pero yo voy más cómoda.

4. Tú me das cremita… Este punto también podría llamarse “Strias War”. Sin embargo, en mi particular guerra a las ídem, creo que ya puedo dar la batalla por perdida. Hasta hace dos semanas, había conseguido mantener al enemigo a raya. Como lo léeis: he conseguido pasar ocho meses y medio sin una sola estría ¡y va y aparecen todas de golpe y porrazo quince días antes de dar a luz! Por mi parte, he comenzado un agresivo contraataque a base de litros de aceite de rosa de mosqueta y nívea, pero en lugar de notar mejoría, las malditas rayitas continúan su malévola expansión. ¡¡¡Ayuuuda!!!

5. Momento pareja. Este consejo me lo ha dado mi buen amigo A. “Antes de que nazca el niño, organizad una cena romántica y daos un auténtico homenaje. Que después de que nazca el niño ya verás, ya…” (Se repite la extraña expresión, mezcla compasión y condescendencia, del punto número uno). Sin embargo, me parece una buena sugerencia.

6. Preparación del nido. Como siga limpiando mi nido, voy a destastarlo antes de que llegue el heredero. Que no hay nido igual, oye, de limpio que lo tengooo. Pero bueno, si luego no voy a tener tiempo de dormir ni de charlar con mi chico, imagino que tampoco estaré para organizar la casa… Así que, por si acaso, yo me voy al hospital con mi hogar, dulce hogar como los chorros del oro.

7. Look hospitalero. Un poco de frivolidad nunca viene mal, ¿verdad? Y no puede haber decálogo que se precie sin un toque fashion. ¿O no? Ayer, por fin, terminé de preparar la bolsa del hospital. Incluye look preparto: camisón premamá, (holgado pero mono), zapatillas (cómodas y anchas, pero monas), y neceser (no sé yo si me dará por pintarme el ojo una vez parida, pero digo yo que un poco de blush y unas planchas de pelo no le han hecho nunca daño a nadie). El momento más delicado de la operación ha sido elegir el modelito post hospitalero. De hecho, aún no lo tengo del todo claro. Soy consciente de que no vendrá la prensa a hacernos la foto de rigor a la salida del hospital, pero siempre he soñado con ese momento, y yo pienso posar, aunque sea para mis padres) ¿Cómo os vestisteis vosotras?

8. Momento canastilla. O lo que es lo mismo: “Cómo vestir a un niño recién nacido en febrero sin que entre en ebullición antes de llegar a casa”. Que me conozco y, sobre todo, conozco a mi madre. La conozco… y la recuerdo. ¿Cómo olvidar esas mañanas de invierno cuando me vestía para ir al colegio? Camiseta interior (pillada con las braguitas, por supuesto, que se enfrían los riñones, niña), jersey de cuello cisne, chaleco de lana, abrigo, gorro tipo verdugo, bufanda siete veces mi altura bien apretadita, eso sí, no se fuera a escurrir… y se me enfriaran los riñones).
Volviendo al siglo XXI, mi matrona siempre ha mantenido que, a la hora de abrigar a los bebés se trata simplemente de ponerles las mismas capas que llevemos nosotros más una más (por eso de que van tumbados). En fin. 2 a 1 a que el niño sale del hospital envuelto en capas como si fuera a recorrer la estepa rusa en trineo…

9. Gestionar las visitas. Sabio consejo de mi matrona de difícil ejecución, me consta, pero taaan atractivo de llevar a la práctica. Según la experta, tanto madre como recién nacido necesitan descansar. Y para descansar hace falta paz y tranquilidad. Y para eso es condición sinequanon la pericia de un padre que se encargue de gestionar el tema visitas, tanto en el hospital como en casa: evitar aglomeraciones, asegurarse de que el niño no viaja de mano en mano como si fuera una patata caliente… Yo tengo amigos que hasta daban día y hora para recibir visitas en casa. Y aunque en su momento lo consideré excesivo, ahora no me parece tan mala idea. ¿Cómo lo veis vosotras?

10. Nosotras podemos. Otra de las recomendaciones de mi matrona (me hecho superfan de ella, ¿se nota?). Esto es: “Nuestro cuerpo sabe parir”. Nosotras, quizás no, (bueno, si queréis hablo por mí) pero nuestro organismo sí está preparado para ello. Siglos y siglos de historia de la humanidad así lo demuestran. Así que, si millones y millones de mujeres en el mundo han sabido cómo hacerlo, ¿por qué nosotras no vamos a poder? Ahí lo dejo.

En fin, gorditas mías, ¿no os quejaréis de post, eh? No sé si volveré a hablar con vosotras antes de tener a mi pitufito conmigo (ooooohhhhcomosuenaesooooo), pero por si acaso, desde aquí os doy las gracias por haberme acompañado todos y cada uno de estos posts, de los que publiqué y de los que no. Ha sido fantástico poder compartir mi embarazo blog a blog con todas vosotras.

Besos mil
Ángela

P.D. ¡Por favor, no dejéis de contarme cómo os ha ido todo!


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27 de enero de 2012 - Categoría: Embarazo de Ángela

Dulce y atareada espera

¡Buenos días, bombo girls –y mamis recientes–!

¿Cómo se presenta el fin de semana? En mi caso, creo que puedo asegurar sin temor a equivocarme que comienza el que será el fin de semana más laaargo de toda mi vida. Porque, tachán, tachán, hoy ha comenzado oficialmente ¡¡mi baja de maternidad!! Bueno, rectifico, no se trata exactamente de la baja de maternidad, pero sí de la baja definitiva antes del día B (de bebé), que culminará el día del parto (ains, cómo suena eso) y a la que seguirá la de maternidad propiamente dicha y el período de lactancia y las vacaciones y… ¡Y mejor paro que a este paso me toca volver al trabajo antes de haber parido!

Y es que, aunque tenía intención de seguir trabajando el máximo tiempo posible, la verdad es que desde hace dos semanas ya no puedo con mi alma. 38 semanas son muchas semanas, es cierto, y mi bombo es mucho bombo, a juzgar por mi archienemiga la báscula (ya os he hablado de ella en alguna que otra ocasión), a juzgar por las caras de la gente que me cruzo por la calle (me miran como si llevara un arma nuclear en modo on) y a juzgar, sobre todo, por la presión social y familiar: “Elniñopuedenacerencualquiermomento”, no para de repetirme mi madre desde hace unos días. “Túyanoestásparacogerelcoche”, me dice siempre JA. “Vuelveadormiiiir” parece susurrarme la almohada cuando llega la hora de levantarme de la cama por las mañanas. ¡Si hasta el despertador me mira con pena desde la mesilla cuando llegan las siete a.m! Lo dicho, toda una conjuración interplanetaria destinada a hacerme sentir mal por seguir trabajando.

Así que antes de ayer salí bastante aliviada de la consulta de la ginecóloga con el papelito de la baja en el bolsillo: “¡A descansar y centrarse en tu bebé!”, me dijo la doctora. “Sus deseos son órdenes”, pensé yo. Y dicho y hecho. Ahora, me encuentro descansando en casa de mis padres (desde donde os escribo), donde me he refugiado de los efluvios de la pintura. ¿Qué pintura?, os preguntaréis. La de mi casa, contesto yo. Y es que según me vi con la baja en la mano lo vi claro: necesitaba pintar. Toda la casa. Mi familia intentó quitarme la idea de la cabeza… pero no ha habido forma. Siento una especie de fuerza superior a mí y solo puedo pensar que mi churumbelín se merece llegar a un hogar limpio y reluciente. (¿Será esto el famoso síndrome del nido?) Así que aquí estoy, extraditada a la casa de mis padres mientras mi familia ha organizado el zafarrancho de combate, quiero decir, de pintura, para este fin de semana. Son unos soletes, ¿a que sí?

Y es que, aunque una parte de mí sabe y es consciente de que sí, elniñopuedenacerencualquiermomento, lo cierto es que el resto de mi organismo actúa como si todavía faltara una eternidad. ¿Os pasa a vosotras? Y es que siento que aún falta tanto, taanto, taaanto, que estoy la mar de tranquila en ese sentido. Ilusionada y expectante y tal, sí, pero como si no fuera conmigo. Como si no fuera mi vida la que está a punto de cambiar ¡en un par de semanas! Lo leo y no me lo creo. ¿Será algún tipo de carambola hormonal?

En fin, gorditas mías, lo crea o no, por delante me esperan dos semanitas de relax y tranquilidad… o eso espero, así que imagino que me dejaré caer más por aquí. Imagino que muchas de vosotras estaréis también a puntito de caramelo, ¿no? Bueno, bueno, espero vuestros comentarios. ¿En qué voy a ocupar ahora mi tiempo sin tener que volver al trabajo? Bueno, aparte de dar largos paseos. Y también aprovecharé para echarme alguna siesta que otra. Y claro, después de la manita de pintura al piso, aprovecharé para redecorar mi hogar, dulce hogar… ¡Y siempre he querido tener tiempo libre para aprender a hacer galletitas y madalenas! Estooo… mejor paro ya. ¡Espero leeros!

Besos mil

Ángela


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17 de enero de 2012 - Categoría: Embarazo de Ángela

Vivan las rebajas

¡Buenos y soleados días, barriguitas y mamis recientes!

¿Cómo lleváis esta semana recién estrenada? Yo me siento cada día un poquito más pesada-cansada-sofocada-e-incluso-acalorada, a pesar de que los termómetros empiecen a acercarse peligrosamente a los cero grados. La buena noticia es que, al menos, aún no me he enterado de que estamos en pleno invierno. A veces siento como si mi pitufínqueridodelalma, en lugar de con el tradicional pan bajo el brazo, viniera con un sistema de calefacción incorporado. ¿No os pasa a vosotras? Bueno, yo no me di cuenta realmente de la diferencia de temperatura entre mi cuerpo serrano y el cuerpo serrano de otros seres humanos hasta que el otro día descubrí a mi pobre JA sentadito en el sofá envuelto literalmente en una supermanta polar ¡y con el gorro de montaña puesto! Y él ni mú, oye. Y yo, desconocedora del enorme poder calorífico de mi superbombo, venga a abrir ventanas para que se ventilara mi hogar dulce hogar. Vamos, que poco más y me lo encuentro con la estalactita colgando de la nariz. Santo varón…

Así que, visto que si nos quedábamos en casa corría el riesgo de cargarme al padre de la criatura antes de tiempo, este fin de semana hemos emigrado a los centros comerciales. Y es que ¿qué mejor época que las rebajas para preparar el armario de los retoños, verdad? O eso me he repetido a mí misma durante todo mi embarazo: ¿para qué volverme loca y comprar ropita antes de tiempo, si me daba tiempo a llegar a las rebajas de enero antes de que naciera el niño? (Llamadme ahorradora… o llamadme supersticiosa, a gusto del consumidor, jeje). Con lo que no había contado es que con un bombo de ocho meses, servidora, compradora compulsiva y adicta al mundo del shopping en otros tiempos, ya no es lo que era. Y es que no puedo entrar en dos tiendas seguidas sin pararme a descansar un ratito. Un buen rato. Un laaargo rato.

Además, queridas barriguitas, he de confesaros: no entiendo la moda de bebés. Concretamente, la moda de bebés masculinos. Y ahí está el problema, porque os recuerdo que en tres semanas más o menos (uff, como suena eso), mi pitufito ya está aquí. Así que, vamos a ver, ¿cómo se viste a un niño? ¿Cuál es la diferencia exacta entre pelele y ranita? ¿Qué es una capota? ¿Qué es el perlé? ¿Y el piqué? ¿Es un delito querer vestir a tu bebé con un vaquerito y una camisetita… o corro el riesgo de despertar la ira de las abuelas de todo el mundo?

Sin embargo, quizás el verdadero problema tenga su origen en el hecho de que yo siempre creí que tendría una muñeca vestidita de azuuul, con su camisita y su canesuuú (sea lo que sea esto último), y ahora… ahora entro en las tiendas y descubro ojiplática la discrimanción ropística que sufrimos las mamás de los futuros santos varones. Es imposible que sea la única que se haya dado cuenta. Y es que, frente a pasillos y pasillos y pasillos repletos de vestiditos, falditas, petitos… vamos, la fantasía rosa de cualquier aspirante a princesa que se precie, ¿qué espacio se le destina a los hombrecitos? ¿Un simple burrito con cuatro cositas de abajo y cuatro cositas de arriba? Hombre, hoooombre, hoooooombre. Que a los chicos no les interese tanto la moda como a nosotras (y eso habría que verlo), vale. Pero a los niños ¡les vestimos sus madres! ¿Dónde está el ministerio de igualdad cuando se le necesita?

Ea, ya me he desahogado un rato. Contadme vosotras, ¿cómo lleváis vuestras canastillas? ¿Me ayudáis a preparar la mía?

Besos mil

Ángela


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10 de enero de 2012 - Categoría: Embarazo de Ángela

Año nuevo, vida nueva… ¡y tan nueva!

¡Hooola a todas, barriguitas!

¿Cómo lleváis este recién estrenado 2012? Espero que hayáis tenido unas fiestas estupendas, con feliz salida y entrada de año incluida, por supuesto, y tanto Papá Noel como los Reyes Magos se hayan portado bien. Aunque, si estáis leyendo este blog, coincidiréis conmigo en que, este año al menos, el mejor regalo ¡¡está aún por desenvolver!! ¿O no? Yo no he podido dejar de pensar en lo diferentes que serán estas mismas fechas dentro de 12 meses. ¡Nuestro bebé tendrá casi un año! Uff. Uuuuff. Uuuuuffff. ¡Imaginarlo y empezar a hiperventilar de la emoción es todo uno! No sé vosotras, pero yo me he pasado todas las fiestas de un sensible(ro) y un llorón que me he llegado a asustar hasta a mí misma. ¿Queréis ejemplos? El típico anuncio del hijo que vuelve-a-casa-vueeelve-por-navidaaad, ¿sabéis cuál es? Confieso que no he podido verlo sin convertirme automáticamente en un mar de lágrimas. Por no hablar de cuando me encontraba de bruces con la típica cola de niños esperando para hacerse la foto de rigor con los tres Reyes Magos del centro comercial de turno, ains, tan absolutamente mooonos (los niños, no los hombres panzudos disfrazados, se entiende). ¿Y qué me decís del momentazo de la peli que echaron otro día, cuando Fionna le dijo a Shreck que estaba embarazada? Ains. Dichosas hormonas…

En fin, bombo girls, se suele decir que año nuevo vida nueva y, en esta ocasión, ¡el refrán se cumple más que nunca! En mi caso, acabo de estrenar el que será mi último mes de embarazo. Por favoooor, ¡cómo suena eso! Y es que 36 semanas son muchas semanas ya. Tantas, que mi bebé podría nacer perfectamente ahora mismo y… Estooo, verás, pitufínmío, fetitodemamá, miniñobonito, verás, si en algún instante puedes llegar a comprender ahí dentro lo que la alocadita de tu progenitora acaba de teclear aquí fuera, tú ni caso. Que tú ahí estás muy a gustito, jugando con tu cordoncito y con las costillitas de tu mami, y cuatro semanas son todavía muuuchas semanas para que engordes y te pongas redondito y bonito y… Sí, chicas, esto es lo que parece: últimamente no paro de hablar al bebé y compartir con él todo lo que me pasa como si realmente pudiera entenderme. No sé, me siento tan… ¿acompañada? ¿Es esa la palabra? ¿Serán las hormonas otra vez?

Y es que en las últimas semanas han cambiado muchas cosas en mi vida. Unas semanas en las que, ejem, he tenido abandonado el blog. ¿Aceptáis pequeño tiempo de reposo relativo prescrito por el médico (ya está todo OK) más ajetreo propio de las Navidades como animal de compa… digo, como excusa por esta desaparición bloguera? Sin embargo, he vuelto dispuesta a quedarme. ¡Estoy deseando compartir con todas vosotras este último mes de embarazo! Así que, ¿qué os parece si nos ponemos al día todas? Empiezo yo. He aquí un resumen resumido de mis peripecias de estas últimas semanas. Recapitulemos:

1. No tengo tobillos. Además, hace tiempo que no establezco contacto visual directo con mis pies (intuyo que siguen ahí porque puedo caminar, obvio). En cambio, mi ombligo ha adquirido unas dimensiones estratosféricas. Cualquier día le salto el ojo a alguien en el súper. Tiempo al tiempo.
2. Mi báscula me mira mal. Lo noto. Casi siento su miedo cuando entro en el cuarto de baño. 17 kilazos del ala son 17 kilazos del ala sobre este cuerpo serrano y ella no me lo perdona. Pero es lo que hay.
3. He desarrollado una nueva afición que absorbe casi todo mi tiempo: el triponing. O lo que es lo mismo, sentarme a mirar embobada como mi churumbelín se “pasea” por la tripa de su mamá. (Escribo pasear como podría escribir “golpear”, “deformar”, “maltratar”, ojo). A veces me siento como la mismísima reencarnación de Sigourney Weaver en Allien, pero puedo prometer y prometo que nunca he visto ni sentido nada más maravilloso en toda mi vida. Mi chico y yo nos pasamos las horas muertas animando al bebé.
4. Cuando no estoy trabajando o haciendo triponing, voy a un curso de natación para embarazadas y a otro de preparación al parto, ambos totalmente recomendables. En este último, además de hacer ejercicios para fortalecer el perineo que da gusto (a este caso voy a poder llevar mi perineo a las próximas olimpiadas), he aprendido cosas superprácticas. Prometo escribir un post con tooodo lo que he descubierto.
Y 5. Casi se me olvida: ¡finalmente me hice la ecografía 4D y pude ver a mi pitufín! Oh, chicas. Es taaan… precioso. Tan… redondito. Con unos mofletitoss tan… comestibles. Y una boquita tan… sensual. Y una nariz tan… tan… tan… nariz, ella. Por ahora, no hay una sola persona ni en mi familia ni en la de JA que entienda de dónde ha salido esa nariz. En fin, habrá que quererle igual, ¿no? Jijiji.

Y así, en líneas generales, creo que esto es todo. Y vosotras, contadme, ¿cómo lleváis vuestro embarazo?

Besos mil

Ángela

P.D. Por cierto, no temáis que vuelva a desaparecer en combate, my friends. Mi jefa, mujer maravillosa y comprensiva donde las haya (de verdad de la buena) ha tenido a bien informarme de que si tengo pensado escribir un blog sobre las vicisitudes de una progenitora cuyo hijo va a la mili, voy lista. Lo que viene a decir que ya me puedo ir espabilando y actualizar más a menudo. Así que ¡nos leemos en breve!


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